Sergio Huerta, fisioterapeuta y osteópata en Sabadell
Soy Sergio Huerta, fisioterapeuta, osteópata y preparador físico.
Llevo más de 20 años trabajando profesionalmente con personas y deportistas, pero mi relación con el cuerpo, el movimiento y la recuperación empezó mucho antes de entrar en una consulta.
Empezó cuando tenía seis años.
Primero llegó la natación. Después, el pentatlón moderno, la competición, los campeonatos, las concentraciones, los viajes, el alto rendimiento y muchos años aprendiendo de mi propio cuerpo y de los profesionales que me acompañaron durante aquella etapa.
Con el tiempo decidí convertir todo ese aprendizaje en mi profesión.
Hoy intento unir esas dos partes de mi vida: la experiencia de quien ha vivido el deporte desde dentro y los conocimientos de quien lleva más de dos décadas trabajando como fisioterapeuta, osteópata y preparador físico.

Sergio en pocas palabras
+20 años de experiencia
Más de dos décadas trabajando profesionalmente en fisioterapia, osteopatía y preparación física.
Una vida ligada al deporte
Empecé a nadar con 6 años y a competir con 7. El deporte ha formado parte de prácticamente toda mi vida.
Alto rendimiento
Pentatlón moderno, campeonatos de España, Residencia Joaquín Blume, CAR de Sant Cugat y cuatro Mundiales júnior.
Fisioterapia + osteopatía + preparación física
Tres disciplinas que hoy forman parte de una misma manera de entender el cuerpo y la recuperación.

Del deporte a la fisioterapia
La natación fue mi primera escuela.
Me enseñó muy pronto que el cuerpo funciona como un conjunto. Respiración, brazos, piernas, posición, equilibrio, coordinación y ritmo tienen que trabajar juntos.
Después descubrí el pentatlón moderno: esgrima, tiro, natación, hípica y carrera.
Cinco disciplinas completamente diferentes que me obligaron a desarrollar coordinación, técnica, preparación física, concentración y capacidad de adaptación.
Entre 1986 y 1989 conseguí varios campeonatos de España y recibí una beca para entrenar y vivir en la Residencia Joaquín Blume de Barcelona. Más adelante seguí vinculado al alto rendimiento en el CAR de Sant Cugat.
Participé en cuatro Mundiales júnior y posteriormente pasé a categoría sénior, preparando objetivos olímpicos como Barcelona 1992 y Atlanta 1996.
Durante aproximadamente 21 años, desde mi infancia hasta los 27, una parte enorme de mi vida estuvo vinculada al deporte.
Y todo aquello terminó enseñándome mucho más que a competir.

Lo que el deporte me enseñó
Durante aquellos años estuve rodeado de fisioterapeutas, osteópatas, médicos, preparadores físicos, entrenadores y psicólogos.
De todos ellos fui aprendiendo algo.
Aprendí cómo recuperarme, cómo preparar el cuerpo, cómo afrontar una lesión y cómo volver progresivamente a la actividad.
También descubrí algo que todavía hoy considero fundamental:
recuperarse no consiste únicamente en que desaparezca el dolor.
Hay que recuperar movimiento, fuerza, coordinación, confianza y seguridad.
Y muchas veces también hay una parte mental.
Cuando una lesión te obliga a parar aparecen dudas, frustración, miedo o impaciencia. Haber vivido eso como deportista me ayuda hoy a entender mejor a las personas que llegan a consulta queriendo volver cuanto antes a su actividad.
Lo que me dejó el deporte
Disciplina
La mejora necesita constancia.
Adaptación
Cada momento y cada cuerpo necesitan una respuesta diferente.
Paciencia
Recuperarse bien no siempre significa recuperarse rápido.
Comprensión
Detrás de una lesión hay una persona, sus objetivos y sus preocupaciones.
Escuchar. Valorar. Actuar.
Si tuviera que resumir mi manera de trabajar en tres palabras serían estas.
01. Escuchar
Primero necesito conocer a la persona.
Qué le ocurre, desde cuándo, cómo empezó, qué actividades realiza y qué supone ese problema en su día a día.
No tiene el mismo objetivo un deportista que quiere volver a competir que una persona que simplemente quiere caminar, trabajar o descansar con menos molestias.
02. Valorar
Después observo cómo funciona el cuerpo.
Me interesa la movilidad, la postura, la biomecánica, las articulaciones, posibles asimetrías, compensaciones, fuerza y coordinación.
Intento no quedarme únicamente en el lugar donde aparece el dolor.
Porque muchas veces dónde duele y dónde se origina el problema no tienen por qué ser exactamente lo mismo.
03. Actuar
A partir de la valoración decido qué herramientas pueden tener más sentido.
Fisioterapia, osteopatía, terapia manual, movilidad, ejercicio o preparación física pueden combinarse dependiendo de la persona.
Para mí, las técnicas son herramientas.
Lo importante es saber qué queremos conseguir con ellas.

El tratamiento no termina cuando sales por la puerta
Las manos son una parte importante de mi trabajo.
Me gusta valorar cómo se mueve un tejido, cómo responde una articulación y qué ocurre cuando aplicamos determinadas técnicas.
Pero también creo que el paciente debe participar activamente en su recuperación.
Por eso suelo recomendar pequeños ejercicios después del tratamiento.
Si hemos conseguido mejorar movilidad, disminuir una sobrecarga o trabajar una determinada compensación, debemos intentar que ese cambio se mantenga.
Ahí entran el movimiento, la fuerza, la movilidad, la coordinación y la actividad física.
No necesariamente significa ir a un gimnasio.
Puede ser caminar, nadar, hacer Pilates, entrenar al aire libre, salir a la montaña o practicar una actividad que te guste y puedas mantener en el tiempo.

Yo también intento aplicar lo que recomiendo
Hay algo que para mí es importante.
No tendría demasiado sentido hablar constantemente a mis pacientes sobre cuidar el cuerpo si yo mismo no intentara hacerlo.
Hoy sigo caminando, nadando, trabajando mi movilidad y coordinación, practicando Pilates y algunas veces corriendo.
Pero ya no intento entrenar como cuando tenía veinte años.
He aprendido que cada etapa de la vida es diferente.
El cuerpo cambia, las necesidades cambian y nuestra manera de entrenar también tiene que cambiar.
Eso no significa dejar de moverse.
Significa aprender a adaptarse.
FRASE DESTACADA
“No siempre hay que entrenar más fuerte. A veces hay que entrenar mejor.”
Para mí, cuidar el cuerpo también implica cuidar la mente.
Moverse, descansar, respirar, salir al exterior, dormir bien y encontrar momentos para desconectar también forman parte de una vida saludable.
Más de 20 años de experiencia y todavía mucho que aprender
Después de más de dos décadas trabajando sigo pensando que siempre queda algo por aprender.
La ciencia cambia.
Nuestra manera de entender el movimiento y la recuperación también evoluciona.
Por eso intento seguir observando, formándome y aprendiendo de otros profesionales.
La experiencia me ayuda a reconocer situaciones que ya he visto antes.
Pero también me ha enseñado algo todavía más importante:
no debo decidir qué necesita una persona antes de escucharla y valorarla.
Mi etapa como deportista me enseñó a buscar siempre la mejora.
Mi experiencia profesional me ha enseñado que esa mejora debe ser realista, progresiva y personalizada.
Después de tantos años, sigo siendo aquel deportista
Cuando miro hacia atrás no veo dos historias distintas.
Veo una sola.
El niño que empezó a nadar con seis años.
El deportista que pasó años entrenando, compitiendo y viajando.
La persona que tuvo que aprender a conocer su cuerpo, recuperarse y adaptarse.
Y el profesional que después decidió dedicar su vida a ayudar a otras personas.
Todo forma parte de la misma historia.
“Antes de aprender a tratar el cuerpo de otras personas, tuve que aprender a conocer y cuidar el mío.”
Después de más de 20 años de profesión sigo teniendo la misma curiosidad por entender cómo funciona el cuerpo y cómo puedo ayudar a una persona a encontrarse mejor.
No quiero limitarme a tratar una espalda, una rodilla o un hombro.
Quiero entender a la persona que hay detrás.
Porque mi objetivo no es solamente que salgas de consulta encontrándote mejor.
Quiero ayudarte a conocer mejor tu cuerpo, tener más herramientas para cuidarlo y seguir haciendo aquello que forma parte de tu vida.
